Reñé Prenafeta, P. José (mercedario) Mártir

29.05.2013 08:58

Reñé Prenafeta, P. José (mercedario)

Mártir

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Lugar de nacimiento: 

Lleida

 

Años nacimiento-defunción: 
1903 - 1936
Fecha de la muerte: 
16/08/1936

 

Engendrado para la Merced

 

Nació el día 15 de junio de 1903 en Lérida, de Francisco y Carmen; siendo bautizado en la parroquia de Nuestra Señora del Car­men de dicha ciudad el 20 de junio de 1903. De inmediato se prohijó en la Familia mercedaria, pues desde párvulo asistió al colegio de La Merced, aprendiendo el catón y el catecismo, recibiendo la primera comunión, creciendo en delirio por la Orden, colaborando como monaguillo.

 

Recuerda su hermana Carmen siete años mayor, madrina de bau­tismo y de primera misa: Estaba tan contento y to­maba con tanto interés ayudar a misa, que nunca hubo necesidad de despertarle por las mañanas, aunque hubiera que madrugar. Era muy dócil y más pacífico que su hermano Francisco, -el padre Francisco, también mercedario- y ayudaba a misa con compostura y recogimiento, impropio de sus pocos años. Pues, le salía de dentro. Un sábado estaba el niño absorto viendo como los postulantes cantaban la Salve, vestidos de blanco, y el padre Francisco Ferrer Ferrando, adivinando algo en aquella actitud del niño, le preguntó al terminar la función: ¿te gustaría estar aquí, como estos niños? Y el piadoso niño contestó sin vacilar que sí. Díselo, pues, -agregó el Fraile- a tus padres y, si te dejan, ya puedes ingresar porque ya tienes la edad, repuso el religioso. Tendría solamente diez u once años. Obtenido el permiso y la bendición de sus padres, un día se fue al convento como de costumbre y ya no volvió. Fue estudiante ejemplar, un religioso observante, devoto especialmente de la Eucaristía y de la Virgen. Siguió las humanidades en el colegio, ahora en condición de aspirante, creciendo el rendimiento en los estudios y edificando con su piedad.

 

Desde Lérida el 20 de agosto de 1919 fue a El Olivar con otros tres postulantes; estaba cursando el tercero de latín. Vistió el hábito 24 de septiembre de 1919, a las 0 horas en la misa del Descenso, del padre Ramón Martín ante el padre Manuel Gargallo, que lo habían escrutado el 20 y el 21 de septiembre.

El día 1 de agosto de 1920 fue trasladado con los demás novicios a San Ramón Nonato, con el padre Mariano Pina como maestro. Estaba cuando la visita canónica del general Inocencio López Santa María, del 6 al 15 de agosto de 1920. Aquí emitió la profesión de votos simples el día 10 de octubre del mismo año, ante los padres Alberto Barros, provincial, Tomás Tajadura, superior, Mariano Pina, maestro; la Comunidad de El Olivar le diera su aprobación para profesar 16 y 17 de septiembre. Seguía, corista, cuando la visita canónica del provincial Alberto Barros, tenida del 31 de mayo al 8 de junio de 1921. Muy pronto pasó a Roma para estudiar filosofía y teología, retornado a San Ramón, donde profesó los votos solemnes el 8 de marzo de 1926. Con ocasión de estar en San Ramón el Obispo de Solsona, el 24 de abril de 1926 le confirió las tres primeras Ordenes menores y el 25 el acolitado; así como el subdiaconado el 29 de mayo de 1926, en Cervera.

 

Fue ordenado diacono en Solsona el 18 de septiembre de 1926 y presbítero al día siguiente de 1926, por Valentín Comellas, obispo de aquella diócesis. Conventual de San Ramón, vino a Lérida el 23, ministró en la misa solemne del 24. El 26 cantó la primera misa, a las 10’30, con exposición mayor del Santísimo, con el padre Ramón Martín de presbítero asistente, el padre Pedro Nolasco Monzón de diácono, el padre Liborio Mir de subdiácono, el padre Manuel Gargallo de predicador, cantó la capilla Mariana, hubo Tedeum y recordatorios. El 28 se regresó a su convento de San Ramón.

 

Después del capítulo provincial que concluyó el 4 de agosto 1926 fue designado maestro de postulantes. El 8 de octubre viajó a Barcelona para verse un grano. Fue predicador en Miralcamp de la primera misa del padre Ramón Cortada Batlle, ordenado el 14 de noviembre de 1926 en Solsona. El 24 de abril de 1927 estaba en Lérida. El 24 de abril de 1929 se localiza en San Ramón. Seguía maestro cuando la visita canónica del provincial padre José Inglés los días 27 y 28 de junio de 1927, cuando actuó de secretario. Lo hallamos en las misas hasta el 16 de noviembre de 1929.

 

Según la revista San Ramón y su Santuario del mes de julio de 1932, en fecha que no se nos da, él, los padres Liborio Mir y Eduardo Massanet con veinte socias de los Jueves de Barcelona peregrinaron a San Ramón.

 

Fue trasladado a Palma de Mallorca; llegado el 5 de diciembre de 1932, se le encargó la economía. Aquí el 2 de febrero de 1933 predicó la hora santa de los Jueves, de los que era subdirector, glosando las palabras conmemoración, reparación, bordadas en la bandera de los Jueves y que constituyen su fundamento. El 20 de marzo se llegó a Barcelona para trabajar en el calendario mercedario, volvería quince días en junio para lo mismo. Predicó la hora santa del Jueves santo. Del 1 al 12 de junio fue a Lérida para predicar la novena del Espíritu santo, cuando la visita del 10 de julio de 1933 seguía en Mallorca, ecónomo y consejero, del 16 al 18 de agosto de 1933 estuvo en El Puig. El 11 de septiembre viajó a Barcelona para visitarse médicamente. El 2 de noviembre de 1933 volvió a Barcelona llamado por el padre Provincial, estándose hasta el 4. El 29 de enero de 1934 predicó la fiesta de nuestro Padre con sus Cuarenta horas.

 

El 8 de marzo de 1934 fue trasladado de Mallorca a Barcelona; aquí participó como otros siete mercedarios en la misión general habida entre el 11 y el 19 de ese marzo, correspondiéndole las iglesias de Santa Ana y de El Buensuceso. No le venía de nuevo, pues predicaba con mucha frecuencia, tras concienzuda preparación, con densidad doctrinal, unción apostólica, fervor, incendiario. El 9 de mayo consta como sacristán mayor, ministerio que le iba, pues ponía sumo esmero, justeza ritual y solemnidad en las funciones litúrgicas. El 17 de julio de 1934 andaba por Lérida. Impresionaba el fervor con que celebraba la misa y en sus predicaciones manifestaba una especial unción; oí cómo estaba preparado para el martirio, y que la última noche de su vida la pasó en oración con los brazos en cruz, pidiendo y ofrendándose a fin de que triunfase la misericordia del Señor, afirmaría la hermana María de la Paz Vilaclara.

 

Del 11 al 17 de marzo de 1935, a una con el padre Pedro Nolasco Monzón, impartieron en nuestra iglesia barcelonesa los ejercicios espirituales, suyas eran las charlas morales de las tardes. Del 1 al 3 de abril se avista en Lérida.

 

Fue siempre un buen religioso, sumamente celoso de la gloria de Dios, amantísimo de su Orden y activo propagador de sus glorias. Y como tal, se comportaba con piedad, seriedad, laboriosidad, observancia. Era más bien de carácter reservado, incluso hosco a primera vista, pero su corazón era de oro, eximiamente caritativo. Narciso Roca puntualizará que era muy bueno y caritativo con todos, pero particularmente con los menesterosos. Lo demostró siempre, sobre todo en Barcelona, donde se entregó sin reservas con la Esclavitud mercedaria a socorrer las miserias del tristemente famoso Barrio Chino. Allí pudo comprobar el progreso amenazador del socialismo; mas a uno que le dijo cómo éste era el culpable de todos los males, que había que vencerlo de cualquier modo, aunque fuera a cañonazos; le replicó que se lo había de superar con la doctrina de Cristo, mucha caridad y justicia social según la doctrina de la Iglesia.

 

El 18 de julio de 1936 los religiosos de la comunidad barcelonesa, después de cenar, se repartieron en casas de amigos. El 19 con el padre Jaime Monzón aún celebraron en la iglesia, a puerta cerrada, ministrados por fray Ma­nuel Tomás Pina. Comió con otros religiosos en la residencia conventual, contigua a la iglesia, y con algunos fue a pasar la tarde en casa de Ignacio Martí, calle Fortuny número 1. El 21 de julio, toda Barcelona prendida en llamas y sangre, aún se llegó a la iglesia con fray Manuel Tomás para celebrar misa, y al atar­decer con los padres Bienvenido Lahoz, Jaime Monzón, Isidoro y Juan Parra entraron en su convento para sacar los objetos que consideraron más valiosos y depositarlos en casas de amigos.

 

Con otros religiosos vino a parar en el domicilio de Margarita Moncada, calle Fortuny número 19, que lo observó fervoroso, muy firme en su fe, nada temeroso ante los acontecimientos, conformado con la voluntad divina, deseoso del martirio; tuvieron que dispersarse porque la familia Moncada también estaba señalada. Con el hermano Antonio Lahoz, acudió a casa de Agustina Campanals, calle Juan Postet número 21, que los asistió en lo que pudo; asegura que era un santo, muy caritativo pues a ella misma le había socorrido en gran apuro, que le oyó decir que aunque me pusieran una pistola en el pecho jamás negaría ser sacerdote. Con el padre Lahoz estuvo seis días en casa de Concepción Aguililla, calle Elisabets número 16; que recuerda al padre Reñé dirigiendo el coro de la iglesia, invitando a cantar sólo para Dios, enseñando el catecismo con gran fervor y mucha paciencia, realizando todo para gloria de Dios y de la santísima Virgen; durante su reclusión se pasaba todo el tiempo ante el Santísimo y comulgaba diariamente; estaba muy alegre, no temía la muerte, decía que había de ganarse el cielo y el martirio era la mejor oportunidad.

 

Luego se asentó por unos días en casa de Isabel Montané, en la misma calle; ella lo memora muy tranquilo y sereno, sonriente. Seguidamente en la vivienda de Adrián Royo, calle Nápoles número 262, quien recuerda cómo era el 24 de julio; cómo el padre Reñé se pasaba las horas ante el Santísimo, que consigo había traído; cómo se dejó bigote para camuflarse; cómo estaba muy animado y sorprendentemente sereno, no obstante que sabía que podían matarlo en cualquier momento; cómo deseaba el martirio, si Dios lo dispone, qué cosa más grande y más sublime que dar la vida por Cristo. La misma entereza en casa de Pablo Ziegler y Catalina Durán, calle San Severo número 7, donde estuvo unos diez días, sereno y tranquilo ante los acontecimientos, muchas horas orando en su habitación, si había de ir a la calle regresaba pronto. Salió de aquí el 5 de agosto porque el señor Ziegler tenía que volver a Alemania. Pasó a la morada del doctor Pedro Giralt, médico de la comunidad, estándose como diez días, que le vio dotado de todas las virtudes y resuelto al martirio, muy sereno, tranquilo, confiado y entregado a la divina providencia. Parece que ahora acudió a casa de Antonia Prat, convencida de tener consigo un santo, muy conformado a la voluntad de Dios en lo que podía pasar; porque tenía una sirvienta de poca confianza tuvo que salir. Acudió a otra casa, pero no lo recibieron. Paró en una pensión, en Consejo de Ciento número108, tuvo que abandonarla porque el 16 de agosto llegó el padre Lahoz preguntando por él y cometió la imprudencia de manifestar a la dueña de la pensión, creyéndola de confianza, que eran religiosos. En la pensión había un individuo de la FAI allegado a los dueños, estando cenando estornudó y el bendito padre dijo ¡Jesús!, a lo que el tipejo contestó: ese Jesús hace tiempo que ha muerto. Percatado del peligro, dijo en la pensión que se iba a Calafell. Eran las 10 de la mañana, de ese día 16, cuando llegó a casa de otro conocido, José María Farré, calle Ausias March número 16. Pero de la pensión le habían seguido, pidió entrar en el baño para asearse cuando llegó una patrulla, lo apresaron con el señor Farré y conduciéndolos al sindicato de la FAI, radicado en el colegio Jesús María de calle Caspe número 50. El Padre confesó quién era, sacerdote y mercedario. Su cadáver apareció en el depósito del hospital Clínico. Con un orificio de bala en la región occipital. Parece que el asesinato fue en la carretera de la Rabasada.

 

En todo ese calvario estuvo con el padre Bienvenido Lahoz, que recogió sus postreros recuerdos. Lo significa de religioso serio, apostólicamente ardoroso, anheloso del martirio; recoge sus expresiones como que son mártires, y nuestros mártires son cosa muy grande, como San Pedro, san Lorenzo; si me cogen me manifestaré sacerdote y que muero por Jesús, pasaba mucho tiempo con los brazos en cruz ante el Santísimo, cuando supo la muerte del hermano Antonio González manifestó ya hemos contribuido con nuestra sangre a la victoria final. El padre Lahoz revela el sufrimiento que pasó cuando alguien le calumnió de solicitación en la confesión y estuvo un tiempo censurado por la curia diocesana de Barcelona, exclamando: quizá sea el padre más inocente de la Provincia y venirme con esta tribulación; pues era realmente inocentísimo.

 

También estuvo muy próximo el padre Jaime Monzón, que lo conociera desde niño y fue compañero de estudios. Ya antes de entrar en el convento venía a la Merced y cantaba, porque tenía una voz muy bonita. Fue religioso serio, ejemplar, muy caritativo con los pobres, ansioso del martirio. Lo confesó pocos días antes de morir, oyéndole que no podía seguir en la pensión, porque eran gente que odiaba la religión.